Encuentro #5 con Clara Piazuelo

Relatoría por Belén Soto

19/12/2019
La escocesa
18:00 h

Nos saludamos y Clara Piazuelo comienza la sesión:

– Gracias por venir y a Belén por invitarme. A la mitad os conozco y a la mitad no, así que para que entendáis como he planteado la sesión me gustaría presentarme desde mi trayectoria profesional y vital, que tiene bastante que ver con lo que quiero proponer.

>> En la newsletter de La escocesa pusieron que soy comisaria independiente. Cuando lo leí me hizo mucha gracia porque no es verdad. En realidad, si tuviera que definirme no sé qué etiqueta me pondría. Estoy cobrando paro, he trabajado 13 años en Hangar y desde julio el paro me ha permitido un colchón desde el que he montado un colectivo con cuatro compañeras y amigas: DU-DA. Después de tantos años con un trabajo fijo en un centro de arte, ahora estoy dejándome ver por dónde me lleva la vida. Podríamos decir que DU-DA es un colectivo artístico, ahí me siento más cómoda. Hace poco una cuenta de Instagram que me gusta mucho, @monoperro, decía: “Si tu definición de arte no te incluye, cámbiala”. Pienso que, para esta sesión, ya que vamos a estar hablando del trabajo artístico, está bien si partimos de la base de quee hay tantas definiciones de arte como personas en esta mesa -de cara a la dinámica que voy a plantear- y que todas son válidas por igual.

>> Durante el tiempo que trabajé en Hangar estuve trabajando para y con artistas, por lo que estoy bastante familiarizada con los temas que plantea el Gabinete de las mentiras. A parte, en 2010 hice el doctorado y empecé una tesis que se llamaba La formación permanente de las clases creativas en el marco del capitalismo cognitivo. Ahí exploraba mucho de los temas que se han tratado en este gabinete: trabajador cultural, artista emprendedor, procesos de neoliberalización que se dan en el contexto artístico… Estos temas se trataron bastante en la sesión de Gisela -ella hablaba de las industrias creativas como un discurso unificador dondee se pone al artista y al trabajador creativo en el centro, como un motor de I+D. En la tesis también hablaba del capitalismo cognitivo -el término complaciente sería sociedad de la información o sociedad del conocimiento-, donde la producción de valor ya no se basa sólo y exclusivamente en la producción material sino que se basa cada vez más en la explotación de las capacidades lingüísticas, cognitivas, afectivas de las personas. La vida puesta a trabajar. Pero el capitalismo cognitivo atraviesa todos los sectores y a todas las personas. Hoy, sin embargo, me gustaría enfocar la sesión de otra manera. Por eso, os quería hablar de DU-DA y de lo que hacemos allí.

>> La tesis doctoral no la terminé: tuve una crisis existencial y la dejé. Uno de los motivos por los que lo hice fue porque me di cuenta de que estaba acumulando un montón de información y conocimiento de otras personas, donde lo más importante era citarlo de forma ordenada y reproducir discursos hegemónicos. A parte, el proceso de escritura académico no me funcionaba ni me emocionaba, me desconectaba. También pienso que en las instituciones legitimadoras del conocimiento, como la universidad, se valora mucho la inteligencia pero no tanto la sabiduría -entendiendo que la inteligencia tiene que ver con ser eficiente, con saber utilizar la información en beneficio propio, y la sabiduría implica un conocimiento sistémico sobre las relaciones en el esquema general del universo. La inteligencia tiene que ver con la razón, pero la sabiduría se aprende también por otros canales, y no siempre está relacionada con la cultura ni con la educación cultural, de hecho si habéis convivido con animales no humanos seguramente sabréis que ellos tienen una gran sabiduría y que podemos aprender muchas cosas observándolos. El punto en el que estamos ahora mismo como especie es que hay un hiperdesarrollo de la inteligencia y de la tecnología, pero esa falta de sabiduría es la que nos ha llevado a disociarnos, a separarnos, a enloquecer. Hace poco leí que si la historia de la humanidad en los últimos cien años fuera el historial clínico de una persona, el diagnóstico de esa persona sería delirios paranoicos, propensión patológica a la violencia y psicopatía criminal con breves intervalos de lucidez.

>> Cuando empezamos DU-DA, entre otros proyectos, quisimos hacer un programa de aprendizajes que cuestionara los conocimientos hegemónicos y que pusiera en valor los recorridos vitales de cada una. Entendiendo que todas tenemos recorridos únicos y que cada sensibilidad es una forma irrepetible de comprender y relacionarse con el mundo. Nuestra intención era poner al mismo nivel esos relatos experienciales que los relatos que nos proporcionan las Instituciones divulgadoras del conocimiento. La metodología circular es una forma de poner en común todos estos conocimientos y experiencias particulares:

“Hemos acumulado un montón de información sobre el mundo como si este mundo fuera uno solo y a eso lo llamamos conocimiento. Hemos normalizado la desconexión con el resto del planeta y entre nosotros. Nos hemos habituado a la neurosis, construimos nuestra identidad a través del trabajo y cronificamos el stress. Nos quejamos todo el rato y nos vanagloriamos de nuestro cinismo. Pensamos mucho la vida pero la vivimos poco. Tenemos miedo a la muerte y a la soledad pero sabemos evadirnos de múltiples maneras, e incluso disociarnos. Es lo que hemos aprendido.

Es el momento de des-aprender y volver a aprender. De conectar con otras formas de conocimiento que históricamente no han sido consideradas tales. La intuición, la magia, lo invisible, la fantasía, el placer, el dolor, los cuerpos, la comunicación con animales no humanos y otras entidades. La sensibilidad que ha sido durante mucho tiempo una disposición pasiva al sufrimiento será nuestra herramienta de combate para hacerle frente.”

Hera

>> En este sentido, me parece muy potente lo que se ha hecho hasta ahora en el Gabinete de las mentiras, porque es un espacio de cuestionamiento de narrativas sobre el trabajo del artista, y porque pone sobre la mesa las experiencias y los recorridos vitales. Yo planteaba para esta sesión una hipótesis, o una pregunta:

¿El trabajo del artista nos puede ayudar a imaginar formas de habitar y de relacionarnos radicalmente diferentes? ¿Debe?

>> Y para acercarnos a esta discusión me gustaría proponeros una dinámica circular en que pongamos las experiencias vividas en primer lugar. Aquello que nuestros cuerpos saben, más allá de nuestro disco duro de autores, libros y referencias, que también molan, pero la propuesta aquí abordar esta pregunta desde las experiencia vitales. Voy a empezar yo, y os quiero contar un viaje, un encuentro fortuito y una conversación que tuve con una persona maravillosa acerca de su trabajo y el mío.

>> En noviembre hice un viaje, era un viaje que no quería hacer porque me daba mucho miedo. El día de antes de coger el vuelo tenía diarrea, quería que se cancelara, pensé en pedirle al Universo que se suspendiera por alguna huelga. Luego lo pensé mejor, si eso sucedía de verdad me sentiría muy culpable porque yo sabía que tenía que ir, así que le pedí al Universo que me tratara con cariño, porque pensaba que me iba a enfrentar a cosas duras.

>> Este viaje era difícil porque iba a ver a una persona que es muy importante en mi vida y que estaba muy enferma. En junio le habían diagnosticado un cáncer con metástasis en todo, y acababa de pasar por 6 quimioterapias. A pesar de mis temores estar ahí con él fue maravilloso. Pero además tuve la oportunidad de quedarme unos días con unas amigas suyas que viven en la península de Olympia junto a Seattle. Fui allí porque volar a Montana donde él vive es muy caro, así que me pillé un vuelo a Seattle, que me costó 600€, pero tuve que quedarme allí tres días para poder coger el vuelo doméstico a Montana. Mi amigo estuvo un tiempo viviendo con una comunidad de gente queer que vive bastante alejada del sistema, y tienen proyectos de autoabastecimiento y una fuerte de red de apoyo mutuo y allí fue donde me quedé tres días.

>> Lin y Lex me vinieron a buscar a Seattle para coger el ferry para ir llevarme a su casa en Olympia, donde viven en medio de un bosque de abetos gigantes. Nos metemos con el coche en el ferry, estamos en primer a fila, vemos el mar, las islas frondosas. Lin me enseña una foto en su móvil de una orca llevando a su bebé en el morro, era una Orca que estuvo durante 17 días nadando por la bahía de Seattle con su bebé muerto.

“A mother orca carries her dead newborn. Several species of whales show signs of mourning.”
Photograph by Robin W. Baird, Cascadia Research.

>> Entonces yo le hablo a Lin de Consol Llupiá y de su trabajo con la ballena y ella me pregunta si yo también soy artista le digo que no, que no sé. Me pregunta qué que pienso que es ser artista, y me quedo un rato pensando, en la ballena, en Du-da. Le digo que un artista según mi punto de vista es alguien que es capaz de empujar los límites de lo posible, de lo de pensable. Le digo que artista puede generar procesos alquímicos que nos transforman, que el Arte cuando no es cínico ofrece hilos con los que tejer las nuevas narrativas que necesitamos mientras las viejas se derrumban.

>> Me dice que ella también entiende su trabajo de esta manera, le pregunto si es artista, me dice que no, que es trabajadora sexual. Entonces tenemos una conversación maravillosa acerca de su trabajo. Y cuando vuelvo a BCN me envía un vídeo donde sale ella hablando, de todo esto, y al mismo tiempo Belén me invita a dinamizar esta sesión y yo pienso que me encantaría compartir esto con vosotras. Así que le escribo preguntando si le parece bien y me responde:

“I would be honored for you to share the film with the group of folks that you described. How special! I’m just excited that it’s being seen, that it might open some people’s minds and hearts, dispel myths about sex work & sex workers, reduce stigma, and inspire. I just ask that whoever shares it just ask me first. It still is a little scary sometimes because of the criminalization of that work 🙁 So I just like to know.”

Transcripción y traducción del vídeo de Lin por Clara Piazuelo

Todos tenemos recuerdos del despertar de nuestra energía sexual. Yo, personalmente, no sabía qué hacer con ello. Creo que uno de los motivos por los que soy trabajadora sexual está directamente relacionado con mi necesidad de curar y de explorar mi energía sexual.

El descubrimiento de mi energía sexual fue traumático, cada vez que la sentía me obligaba a reprimirla porque me habían enseñado que era algo malo. No es justo, nosotras (las trabajadoras sexuales) hacemos un profundo servicio a todos nosotros, pero se nos enseña desde pequeños a no hablar de sexo, a reprimirlo, nos dicen que es algo malo. Esto es algo muy viejo: el pecado original, la idea de que nuestros cuerpos están mal, de que el placer es algo malo… No tiene ningún sentido, me explota la cabeza. Si algo nos hace sentir bien, ¿por qué enseñamos que está mal? Me enfada. Este mito está muy incrustado en nosotros.

Esta es mi primera polla y tiene su historia, jugó un papel importante en mi crecimiento sexual. No tuve mi primer orgasmo hasta que tuve 24. Estaba de vacaciones con mi primer novio en un sitio fantástico, las montañas de Sierra Nevada en California, de donde soy. Íbamos con la furgo y paramos para mear. Estaba meando entre unos arbustos y descubrí este dildo con un arnés. Supongo que cualquier otra persona hubiera pensado que era asqueroso pero para mí fue en plan: ¿qué es esto? Y lo cogí, más que nada por curiosidad, ni siquiera sabía como se usaba y nunca jamás se me habría ocurrido tener uno, había crecido en un pueblecito de las montañas y eso, básicamente, no existía. El dildo tenía unos testículos pero el perro se los comió. Lo quise probar con mi novio de entonces, me puse la polla con el arnés y le pedí que me la chupara, pero él se asustó. Pasó el tiempo, hasta que un día estaba yo sola en un trailer en casa de mis padres, que es una cabaña de madera, un lugar mágico, donde creo que de hecho fui concebida. Estaba bebiendo vino, me acordé del dildo y quise ponérmelo, y me sentí genial, pensé que era increíble. En esa época era fotógrafa, así que me hice una sesión de auto retratos con la polla. Y más tarde, esa noche, cuando ya me quité la polla, me masturbé y tuve mi primer orgasmo a la edad de 24 años. Descubrí que tener polla y expresar esa parte de mi energía sexual es una parte vital de mí misma. Esta es la historia de mi polla y me gusta decir que las Diosas me la enviaron.

Empecé como trabajadora sexual hace unos 10 años, en un sitio de masajes que era muy guay, se llamaba el Templo Sagrado. Era increíble, muy salvaje, con mujeres de todo el mundo. Lo que hacíamos principalmente eran masajes y pajas. Y aunque oficialmente no estaba permitido, a veces sucedían más cosas. También hacíamos muchos masajes de próstata -esto es una de las cosas principales que hacemos las trabajadoras sexuales: presentarles a los hombres su próstata, darles acceso a este centro de su placer. Lo que ofrecía, también, era una masaje sensual por todo el cuerpo y eso también era muy guay. Masajear con aceites el cuerpo entero devuelve a las personas a su cuerpo. Lo hacía con aceite caliente de coco, frotaba todo mi cuerpo contra el cuerpo del cliente, eso era realmente delicioso. Trae a las personas al presente, muchas veces los clientes vienen nerviosos, especialmente si es la primera vez.

Lo primero siempre es explicarles a los clientes cuáles son mis límites, eso es fundamental. Es un mito de las trabajadores sexuales que tu cuerpo se vende y que puede ser tratado como una mierda, esto no es para nada cierto, y de hecho el fundamento de mi trabajo es el consentimiento. Yo les digo a mis clientes lo que quiero y lo que no, y esto es algo que puede cambiar según las circunstancias. Les explico qué partes de mi cuerpo pueden tocar, cuales no. Les pregunto acerca de su cuerpo, si hay partes que les duelen o que no quieren que les toque. Por esto, las trabajadoras sexuales juegan un rol vital en luchar contra la cultura de la violación, instruyendo de esta manera acerca del consentimiento. He hecho esto durante diez años y, al principio, poner mis límites era difícil porque a las mujeres se nos ha enseñado lo contrario, se nos ha enseñado que los hombres pueden hacer lo que quieran contigo, y lo que haces es reprimir los sentimientos de rechazo y dar acceso a tu cuerpo. Esto es realmente jodido. Me costó mucho trabajar en los límites, pero esto es lo principal. Si estoy en medio de una sesión, quizás una mano se acerca demasiado a una zona que no quiero. Todavía hoy, a veces, tengo que luchar para expresar “No”. A veces, decir “No” es fácil y a veces no lo es. En este tema mis compañeras me han enseñado mucho. De hecho, cuando empecé, una amiga estaba trabajando en esto y yo pensé que podía hacerlo también, que esto podía ayudarme también a trabajarme los límites ya que tenía dificultades para establecerlos con las personas en mi vida.

Esto es lo primero, crear ese espacio de diálogo y consentimiento. El cliente conoce cuáles son mis deseos y mis límites y yo conozco los suyos. Volviendo a las sesiones de masaje: es increíble traer a las personas a su cuerpo, ayudarles a respirar, relajarlas con mis manos y con todo mi cuerpo. Se siente muy bien. Entonces empiezan a ponerse cachondos y yo empiezo a poner atención a sus genitales, a su polla. Quizás ahora te estás preguntando si algunos de mis clientes son mujeres, y sí, a veces veo a mujeres y me gustaría ver más, pero la verdad es que la mayoría son hombres. Volviendo a la sesión: después de masajearles de espaldas, los pongo boca arriba y entonces empiezo a poner atención a sus genitales. A mí me gusta mucho besar y, si la persona quiere, les beso. No intercambio fluidos, a excepción de saliva. Así que si beso la polla o hago una mamada utilizo un condón. Y bueno, empiezo a trabajar con la energía. Y si les gusta que jueguen con sus próstatas, empiezo a explorar sus culos con mis dedos. Utilizo un guante y mucho lubricante. Esto lo encuentro realmente increíble y me gustaría contar más detalles.

Me gustaría hablar sobre el poder y la vulnerabilidad de los hombres al ser penetrados. Pienso, sé, veo, a estas personas transformadas cuando se permiten rendirse a ese nivel: su cuerpo tumbado, abierto y recibiendo a alguien o algo (un juguete), ser penetrados, ser follados, rendirse a eso, es un sentimiento increíble, y a los hombres (heterosexuales) se les ha negado esto en nuestra cultura. Es una locura que a los hombres no se les permite rendirse, ser follados. Recibir. La sodomía se asocia a ser débil, a ser gay, es algo que “no debería” sucederle a los hombres. ¿Por qué? Porque eso desafía directamente el patriarcado y a sus estructuras de poder. Lo que pienso que es realmente increíble y he descubierto con mi trabajo, al penetrar a los hombres, y observarles, y sentir ese momento de vulnerabilidad y rendición que supone permitir a alguien entrar en tu cuerpo, es que esta experiencia requiere de una extrema fortaleza, dejarse penetrar requiere en realidad de una gran fuerza. Abrirse y recibir no es debilidad. Es el don más grande. Y si los hombres son capaces de sentir eso, en un nivel muy básico, si pueden experimentar lo que es ser penetrados, sentirlo en sus cuerpos, no podrían violar. Eso es lo que yo creo. Esta experiencia es transformadora. Los clientes vienen a mí y yo creo un espacio seguro para ellos, para que puedan experimentar ese nivel de rendición y eso les transforma.

A menudo cuando termino una sesión con alguien pienso: uau, eso ha sido realmente especial. Entonces me golpea la realidad de que lo que hemos hecho es ilegal, y siento que no tiene ningún sentido en absoluto. La criminalización del trabajo sexual es muy peligrosa para las trabajadoras. Yo no puedo pedir protección de la misma manera que otras personas pueden en sus trabajos. Pero yo soy blanca, tengo un espacio seguro donde trabajar y estoy protegida por mi privilegio. Si eres una persona racializada o transgénero, el estigma de ser puta mata a las personas. Porque la realidad es que suceden muchas cosas en el paraguas enorme de lo que es el trabajo sexual y la prostitución. Hay cosas muy chungas, y esas cosas chungas están conectadas con la pobreza, el racismo y el machismo. Si estos factores se eliminan, entonces habría más espacio para que las trabajadoras sexuales se empoderasen. En mi experiencia personal, cuando me ha pasado algo chungo en el trabajo ha sido porque he permitido que los límites se cruzaran y he hecho algo que realmente no quería hacer. La mayoría de mis clientes han sido personas maravillosas, agradecidas, que me han honrado, pero también me he encontrado con gente mierdosa, que han tomado sin preguntar. Cuando eso sucede, cuando me han tocado sin consentimiento, he sentido presión y me he dejado hacer, eso duele. Es un gran tema, y es una de las principales razones por las que el trabajo sexual es difícil y no está hecho para todo el mundo. Me horroriza cuando pienso en personas que hacen esto por obligación o en la trata de blancas, que es una de las peores cosas que hay.

Esta es mi foto preferida de mí de pequeña. Crecí en este entorno natural magnífico, este es el río donde, de pequeña, jugaba durante horas, iba a pasear. Esto es una planta del desierto, es mágica, ayuda a poner límites, es buena para curar traumas.

Con el trabajo que hago siento que estoy en la cresta de esta ola, hago un trabajo revolucionario, y mucha gente no puede verlo -y por eso es radical y revolucionario. Alguien tiene que ser esas personas al frente, haciendo las cosas de forma diferente. Es duro, pero me siento realmente agradecida, bendecida y empoderada de hacer este trabajo frente a un profundo desconocimiento, estigma, odio y violencia. Por esto sé que estoy haciendo algo bueno. En una cultura que honra la guerra y la violencia de una manera totalmente brutal y enfermiza, miras a esas personas y te preguntas quién hace más daño: ¿las prostitutas o ellos?

Hay veces en las que estoy trabajando en una buena sesión, en la que estoy realmente presente, y la otra persona también lo está en su cuerpo. Se da un poder más grande que nosotros, un movimiento, una energía que existe más allá de nosotros. Lo que noto ahora mismo es quizás que me estoy mostrando demasiado “woo” (palabra slang para referirse a alguien supersticioso) o demasiado espiritual y bueno, que le den, esto es lo hay. Esto es lo que significa para mí mi trabajo: un cambio de consciencia, rendirse a un poder mayor que nosotros para el cual hay muchos nombres -universo, dios, amor. No creo que haya una sola forma de entenderlo ni un solo nombre, solo siento que hay un poder más grande y que estamos en el proceso de dejar que emerja, de abrirnos y de rendirnos a este misterio.

>> Os propongo que ahora, siguiendo esta dinámica circular que comentaba, contestemos a la pregunta de la sesión llevándolo a lo personal: ¿El trabajo del artista nos puede ayudar a imaginar formas de habitar y de relacionarnos radicalmente diferentes? ¿Debe?

– Pues empiezo yo. Igual esta respuesta es general pero sirve para iniciar la conversación. No creo que tenga que ser una respuesta universal pero sí que sirve para situar el trabajo que hacemos. A mí para responder, la pregunta previa que me ronda es: ¿y qué es el trabajo? Si pensamos desde lo colectivo, dentro de un sistema bastante complejo, el trabajo de cada una aporta una pieza o valor útil para la vida en común. Pensando en una tribu, comuna, sociedad pequeña o de alguna manera aislada, parece que es más fácil imaginarlo, pero el cambio de escala no debería convertirlo en otra cosa. Total, que en esta línea, lo que encuentro es que el trabajo artístico está habitualmente muy ensimismado, aislado del conjunto social. Incluso se cuestiona si el trabajo artístico tiene que ser político. Obviemente lo es, por no reconocerlo no deja de serlo, y lo que se hace al pretender la neutralidad es reproducir dinámicas que ya existen.

>> Si habitamos un sistema compartido que nos hace daño a todxs (o al menos, a la mayoría), como parte de esta simbiosis y sintiéndome parte del contexto privilegiado (que es no sólo ser blanca, europea, poder llegar a fin de mes, estar sana, etc sino, en muchos aspectos, ser trabajadora artística) encuentro que sí tengo responsabilidad.

– Pues yo opino un poco igual. Creo que el arte tiene mucho potencial para el cambio. Para mí el problema es cómo el sistema legitimador del arte hace que el trabajo de muchos artistas se vea completamente condicionado por él. Creo que poder conectar con tu creatividad te da un poder maravilloso y claro que es transformador, lo veo en muchas piezas, pero ese poder se pierde cuando hay que entrar en el sistema del que se vive.

– A mí la pregunta me plantea más preguntas. Por una parte, esto de la figura del artista es cuestionable, ¿no? Cómo se construye… Por otro lado está el trabajo artístico del que estáis hablando. Creo que el sujeto artista está sujeto a muchos egos… Siendo positiva, pienso que el trabajo artístico sí que debe ayudar a imaginar otras formas, es una trabajo especulativo que reconstruye los modos de cohabitar. Pero también la especulación nos lleva a prácticas más neoliberalistas, tecnocapitalistas, y tampoco podemos huir de ese contexto que estamos señalando. Es muy difícil, a veces sin darnos cuenta reproducimos esas prácticas, es complicado alejarse de ellas.

>> En el documental, ella habla sobre los estigmas. Yo creo que lxs artistas también tenemos un abanico de estigmas de los que es difícil salir. Cuando singularizamos el sujeto artístico me parece complicado generar transformación, en otros modelos más comunales sí veo posibilidad.

– Me resuena mucho todo. Necesitaría más tiempo para conectar, pero con lo que me estáis diciendo me viene la idea de que el trabajo artístico es muy variado. Mucho trabajo artístico puede generar imaginarios super potentes y necesarios, pero hay otro tipo de trabajo artístico que precisamente no quiere, sólo quiere perpetuar. Es un arte burgués que quiere seguir siendo burgués. Pero para mí siempre está en tensión, para que haya una cosa tiene que estar también la otra.

– Me gustan mucho los títulos que ponéis a los proyectos en DU-DA. Pan duro, Pan de rana… Está bien esta idea de cambiar el presente, pero ¿qué quiere decir todo esto? ¿Cambiar a nivel personal, social…? Nos movemos mucho en experimentos pero probablemente cuesta mucho llevar esta transformación a cabo. Cuesta convertir el trabajo artístico en algo más social. Tenemos contradicciones continuas. Está bien seguir experimentando cosas pero está bien, a la vez, ir viendo cómo se pueden vincular a un contexto más amplio. Cómo hacerlo es lo que me cuesta encontrar…

– Yo creo que cuando pensamos en transformaciones globales o con un impacto visible, nos cuesta. En cambio, esta cosa de plantar semillitas, hacer pequeños clicks en la cabeza o facilitar destellos es algo complejo que afecta a muchos niveles. Hablabas del cambio individual, global o comunitario; todos ellos son contemplados, pero a veces es suficiente con generar espacios de cuestionamiento o pensamiento crítico o de habitar desde más allá de lo racional y normativo.

– Quizás hay un paso importante. El pensamiento crítico es habitual en el contexto artístico pero ya sabemos hasta donde llega.

– Claro. También, en el tema de las contradicciones, creo que las habitamos continuamente. Muchas veces pasa que las instituciones artísticas tienen los discursos más punteros a nivel de transformación pero, habitar esos discursos, hacer que lleguen a los cuerpos, es muy difícil. Nos quedamos en la superficie intelectual, discursiva, e igual lo que hace falta es salir del espacio artístico. Como decía antes, la sabiduría se puede encontrar en muchos lugares.

– Sí, además, si pensamos en el artista situado en el contexto social, no está solo. No tiene que arreglar el mundo solo, de hecho necesita al resto para transformarlo. Quizás su papel es activador. Lo importante es que no esté aislado.

– Yo creo que absolutamente todos los trabajos pueden ser creativos y transformadores. Quizás sí, por ese margen para la experimentación y ese margen de privilegio, tenemos más probabilidades para que eso suceda. Tenemos la materia prima y trabajamos con ella. La prueba es que estamos hoy aquí hablando de todo esto.

– El trabajo artístico siempre está en esa coyuntura. Sus sabidurías están estigmatizadas pero son sabidurías al fin y al cabo.

– (Intervención inaudible en la grabación)

– Estoy de acuerdo con muchas de las cosas que se han dicho. Yo hablo desde mi experiencia, que es la que conozco y desde donde mejor me sé expresar. Yo me he sentido muy agobiada y desesperanzada con la producción artística en el pasado y lo he decidido dejar. De repente, como el último proyecto que haría, me embarqué en lo que habéis visto. No me sentía nada cómoda formando parte del tipo de prácticas dominantes. Ahora intento ser lo más honesta con esta propuesta de cambio de paradigma con las opciones que tengo encima de la mesa y puedo gestionar. Para mí, esto es la punta de lanza, donde encuentro la máxima felicidad. Ya sé que no se parece a las propuestas normativas que se supone que hay que seguir, pero por ahora no quiero hacer las cosas de ninguna otra manera. Yo sí me considero artista.

– Yo soy todo lo contrario a lo que se entiende por artista, seguramente. He tenido trabajos super corporativos, en grandes empresas, y mi punto de vista es todo lo contrario al de un artista. Yo creo que el artista puede ser un visionario para el cambio de paradigma, pero que lo que falta es una conciencia de esa posibilidad de cambio de paradigma. La inmensa mayoría del mundo que hay ahí fuera, el mundo corporativo que es esa masa gris que mueve el tecnocapitalismo, no conoce estas visiones. Está muy bien visionar estas alternativas, pero lo que hace falta es que llegue a esa gente, que sean capaces de pensar que hay otra cosa.

>> En la época de mi bisabuela casi nadie pensaba que se podía ir a vivir con su novio antes de casarse y ahora es normal pensar que se puede hacer eso, y muchas más cosas. En esta línea creo que hace falta trabajo. Que es muy complicado, sí, pero para eso sois artistas, pensad cosas.

– Bueno, Lindsay también dice que la mayoría de sus clientes son la masa gris corporativa. Por ahí también hay un activismo deshaciendo al patriarcado.

– Claro. Y yo entiendo que tengo un planteamiento muy superficial en muchos temas, pero creo que el mundo del arte contemporáneo es super snob y no llega a quien tiene que llegar si es una herramienta de cambio.

– Sí. Algunas perspectivas defienden que hay que hacer una lucha sectorial por los derechos del trabajador artístico, que está precarizado. Pero si realmente entendemos que hace falta un cambio a nivel estructural, que el problema está en el desigual reparto de la riqueza a nivel global, igual esta visión sectorial sigue siendo ensimismada. Igual si se lucha por una renta básica universal…

– Eso!

– Creo que si todxs tuviéramos una base económica que nos permitiera dejar de preocuparnos por cómo conseguir el dinero para pagar lo que tenemos que pagar, mucha gente desarrollaría propuestas creativas.

– E igual ese cambio de paradigma vendría mucho más rápido.

– Yo lo veo clarísimo. Creo que, potencialmente, todo el mundo tiene cosas que decir desde diferentes lenguajes, pero que estamos demasiado alienadxs. Creo que la gente que realmente consigue zafarse o apartar un poquito esa preocupación y conectar con ese lado creativo, son lxs artistas.

– Yo antes no usaba la palabra resistencia. Pensaba “buah, qué martirio, hago los trabajos que nadie quiere hacer, para conseguir un proyecto me tengo que vender al mal…” Pero luego pensé que esto es resistencia: me resisto hasta donde pueda, en mis circunstancias de privilegio, al sistema. Creo que lo más potente de esto, además, es hacer una resistencia en alineación, comunitariamente.

– Al vincular este posicionamiento de transformación o resistencia con el arte y con el trabajo, me doy cuenta de que el posicionamiento no es algo propio de mi trabajo sino de mi vida. De hecho, más bien, en el trabajo artístico que desarrollo, intento volcar lo que de la vida que construyo funciona en formato laboral -subyugando, de alguna manera, mi trabajo a mi vida y no mi vida a mi trabajo.

>> También pienso que estas maneras de resistir no son exclusivas del arte… o depende de cómo definamos arte. Creo que existen propuestas de resistencia desde todo tipo de trabajo o actividad no laboral. Sí es cierto, quizás condicionada por mi (auto)formación artística, que la manera en que entiendo el devenir de mi vida coincide con mi manera de vivir el arte: como experimento, como investigación… De esas investigaciones vitales salen cápsulas que funcionan en una convocatoria, en un contrato… Aquí creo que está uno de los mayores privilegios del trabajo artístico. Si trabajara en una cadena de montaje, me cuesta imaginar cómo volcar mi vida en mi trabajo.

– Renta básica.

– Está claro que es posible, hay miles de estudios.

– (Intervención inaudible en la grabación)

– No, pero sí que es cierto que te permite evitar la alienación de curros de 40 h que se superan. O que si se te permite el tiempo para poder experimentar y desarrollar ideas, todos los cambios se aceleran.

– Sí, pero igual hace falta que mientras esperamos la renta básica sigamos organizándonos para pedir otras cosas. Porque me cuesta creer que la renta básica va a llegar en un futuro próximo…

– (Intervención inaudible en la grabación)

– Es muy difícil, pero tenemos que buscar un cambio con efecto global. Nos imaginamos trabajos super explotadores que implican el esfuerzo físico pero también hay muchas personas que trabajan 40-60 horas semanales rellenando excells infernales. Creo que tenemos que exigir mejoras sociales que afecten a todxs y que evolucionen paulatinamente.

– Yo pienso en los primeros desobedientes al mandato de la mili. Empezaron muy pocos y fueron a la cárcel. Cuando había tantos que no se pudieron encerrar, se consiguió evolucionar. Creo que hay otras acciones vinculadas al consumo, por ejemplo, que no estamos haciendo. Y son acciones que lo que buscan es activar procesos, que igual no son tan buena idea en sí mismas pero que en su contagio se transforman a mejor.

– También creo que es importante que pensemos en el tiempo. Normalmente cuando hablamos de cambio, pensamos que lo queremos ya. Tenemos esta concepción de tiempo del enseguida, y esto es muy inconsciente incluso para cuidarnos porque cansa mucho más. La energía se va.

– Sí, y hay una gran parte del mundo que, aunque sea difícil de creer, no está subyugada a la tecnología y no entiende el tiempo de esta manera. Yo hasta los 17 no tuve internet, y me siento agradecida por entender en un espacio de mi mente esa manera de vivir.

– Sí, y también los cambios se dan a distintas escalas que se están moviendo todo el rato. Es esperanzador, si lo miras así, ver lo que está pasando con los feminismos. Pensar en un cambio a nivel global donde el mundo es justo y maravilloso es utópico, poco realista, pero si pensamos, y empezando por una misma, hasta qué punto nos hemos visto transformadxs… Hay prejuicios que tenía que ya no tengo. Igual mirando al horizonte, a la lejanía, perdemos la esperanza, pero quizás hay que ir más cerca.

– Me gusta quedarme con esta idea de creatividad más allá del ámbito artístico. No sé si habría más artistas con renta básica o no, también hay gente que necesita unas pautas más concretas. Romper normas y ser creativos también es bastante agotador. Tienes que estar comprometido y tampoco es lo más maravilloso.

– Depende de dónde opera el artista y cómo está condicionada su vida por tener que generar réditos. Conectar con tu creatividad y darle rienda suelta yo creo que te hace mucho más feliz. Después está que tú puedas vivir de eso o no, con todos los problemas que genera. Ponerte a cantar, escribir un texto… yo creo que te da satisfacción, te hace relajarte… No sé, pienso que sí.

– Sí, te hace conectar contigo…

– O con los demás. Con lo demás.

– Pero claro, querer vivir de eso en este sistema es un problema. Acabas produciendo lo que crees que va a funcionar. Redactas los proyectos según bases… Esa inestabilidad, estar pensando un proyecto sabiendo que en cuatro meses se acaba la entrada de dinero y que tienes que ir pensando otro… es una experiencia muy estresante.

– Sí, aunque creo que está generalizado. Si tienes una empresa, o un proyecto…

– Por eso renta básica, que llegamos a lo mismo.

– Pero no sé si todos harían arte, si querrían producir y mostrar…

– O sí, porque la gente también quiere trascender. Se buscaría cómo hacer cosas…

– Y se volverían a estresar.

(Risas sobre rellenar excells, pedir subvenciones y renta básica)

– Me hace gracia que en el encuentro que celebró la PAAC la conclusión también terminó siendo: Renta básica! Tenemos que conseguirla.

(Agradecimientos y despedida)