Encuentro #4 con Andreu Belsunces

Relatoría por Belén Soto

14/11/2019
Hangar
19:00 h

Nos saludamos y Andreu Belsunces comienza la sesión:

– Supongo que si me han invitado es porque hace años que investigo las agencias materiales de la ficción y cómo prácticas discursivas y fenómenos materiales se enredan en feedback loops (hablo del concepto de hiperstición), profecías autocumplidas, cómo lo real -más que la realidad- está constituido por ficciones y cómo estas ficciones aceleran y estabilizan procesos. En mi caso, me intereso por procesos sociotécnicos: innovación tecnológica, relación con el poder…

>>He traído este diagrama que resume brevemente lo que investigo. En lugar de entender la ficción como un protocolo de información (“esto no habla de la realidad sino que es fantasía o tiene una relación tangencial con ella”), hace tiempo que trato de entender la ficción como un objeto y como un evento, un poco desde las coordenadas de las ontologías planas, Timothy Morton… Del mismo modo que biólogos y biólogas aíslan bacterias o los físicos y físicas moléculas para entender su comportamiento, estoy tratando, cada vez con más éxito pero me está costando, de aislar la ficción de los ecosistemas culturales para ver de qué manera se excitan y qué consecuencias tiene el uso de la ficción mucho más allá de la postverdad.

Continúa:

– Yo vengo de la sociología, estoy centrado en la sociología del diseño y la tecnología y en la sociología de la ficción: de nuevo, no la ficción como esa cosa que cuenta historias sino como una cosa que hace cosas. El amor romántico se puede entender como una ficción que cuando contrasta fracasa y demuestra su naturaleza ficticia. El dinero, evidentemente y sobre todo después del fin del patrón oro, es una ficción basada en la confianza. Los mercados bursátiles y la especulación financiera tienen mucho que ver con la ficción: cuando el sistema capitalista no es dinámico se hunde, cuando la peña deja de invertir constantemente, mal. Hay un sociólogo de la economía -no recuerdo ahora su nombre- que dice: tomar decisiones racionales ha articulado mucho el pensamiento humano desde la economía y ahora se ha demostrado desde la neurociencia que tomamos esas decisiones desde lo emocional. La cuestión de la razón en la decisión económica, entonces, ha sido una ficción sustentada por todo un aparato científico que partía de una serie de miradas modernas. La idea del ser humano también entra en cuestión ahora como ficción con la cuestión del antropoceno y el posthumanismo. La idea del progreso ha quedado clara como una ficción muy interesada para articular una forma de desarrollo social y económico que es excluyente. La idea de naturaleza como algo externo al ser humano también es una ficción. Es evidente que la idea de naciones también: el tema del procés, para mí, ha sido una manifestación brutal de diferentes entidades tratando de imponer, las unas a las otras, un régimen de lo real. Isabelle Stengers cuenta algo parecido que ocurrió en el juicio a Galileo: cuando Galileo demostró con una serie de instrumentos algo sobre unas coordenadas epistémicas, la Iglesia se enfadó un montón porque les decía “he demostrado que lo que decís es ficción”. Isabelle explica cómo el juicio fue una lucha epistémica donde empieza a construirse la modernidad: cuando la ciencia es capaz de señalar relatos de lo real como ficciones. Durante el procés se da un contexto en el que muchas categorías e interpretaciones del pensamiento están colapsando y la ficción opera como una herramienta para evitar tensiones entre verdad o mentira, busca articulaciones que lleve a otros devenires, a proyectar otros futuros y a hacerlos reales. Esto es lo que vamos a trabajar hoy. Paul Preciado dice que los cuerpos genderizados son ficciones: la obstetricia atribuye un género en la construcción de una ficción de lo que vas a ser en función de tus genitales. Cuando estás en el útero eres potencia, pero potencia de cualquier cosa que desborda estas dos cuestiones binarias que se imponen de ser hombre o mujer.

>>La ficción nace en el momento en el que empieza a nacer la modernidad: cuando aparecen las instituciones democráticas, cuando empieza a hacerse la separación entre lo místico_religioso y lo científico, cuando empieza a aparecer el ámbito de lo social, lo individual, de lo cósmico más allá de lo divino… Esto tiene mucho que ver con la aparición de la imprenta, que democratiza el acceso a la información y muchas más voces tienen lugar en procesos de cambio social. Empiezan a cuestionarse determinados poderes y a consolidarse y estabilizarse otros. Cuando aparece la prensa empieza a distinguirse entre prensa que cuenta la realidad y prensa de fábulas (las fábulas de caballería, por ejemplo, al principio aparecían en periódicos). Aparece este fork epistémico que no había existido hasta el siglo XII (esto lo dice otro sociólogo cuyo nombre tampoco recuerdo), y parece que ahora con internet, las deep fake y demás estamos volviendo a no dar demasiada importancia a lo que es realidad y lo que es ficción (esto es una hipótesis mía).

>>No soy muy fan de las dicotomías pero sirven para explicar. La articulación que intento defender es que la ficción puede servir, como vemos en textos sagrados o ciertos mitos, como una forma de ordenamiento social o guía moral, herramienta para entender la realidad de una manera concreta aunque no sea algo consensuado, de normalización. Esto lo encontramos en las películas Disney, por ejemplo: representan algo que existe y lo reproducen -aquí se da este feedback loop que estabiliza un orden de lo social y lo que se considera real. Pero a la vez que estabiliza ciertos órdenes de lo real, la ficción puede ayudar a desestabilizar. Esto lo dicen Ursula K. Le Guin, Donna Haraway, Alex Wilkie… ¿Cómo podemos usar la ficción para imaginar otras realidades que vayan más allá que esta -obsesiva, desigual, vigilante, latificada…? Sólo se puede luchar por eso una vez se imagina.

>>Parece que con la crisis climática, el auge de las extremas derechas, nos cueste imaginar otros devenires que no sean super oscuros. Esto se ve mucho en la industria del cine y las series, donde aparecen un montón de distopias, y esto habla de este malestar y de la cancelación de futuros. Este juego que propongo de la ficción tiene que ver con movilizar, acercar y aprovechar recursos para estabilizar devenires que nos interesan. Hablando de futuros cancelados, por ejemplo, pienso en el pueblo palestino: no puede imaginar un futuro porque todo su sistema está colapsado por las tuberías que pasan por debajo, por el bloqueo de Israel… Si no puedes desarrollarte como sociedad, vives en la ausencia de futuro. Palestina vive en una especie de prisión del presente que le impide mirar más allá y transformar sus condiciones.

>>En el Manifiesto aceleracionista y en Inventing the future, Nick Srnicek habla de que en un contexto donde luchas sociales, manifestaciones, fork politics (hacer huertos urbanos, proyectos comunitarios…) no son capaces de transformar el régimen neoliberal, hace falta, por un lado, montar una especie de tercera internacional (es lo que hace con el aceleracionismo) y por otro, apela a la ficción. Benjamin H. Bratton también propone esto en The Stack: hay cosas que están sucediendo que no podemos articular ni nombrar, parecidas al concepto de hiperobjeto de Timothy Morton, organismos tan grandes que desbordan el tiempo y espacio de los cuales formamos parte (como la humanidad, la basura o internet), tan complejas que no se pueden representar (yo me imagino que esto ha ocurrido en todos los momentos históricos, pero como sólo he vivido en el mío, leo pero no tengo certeza). Antes estas cosas aparece la ficción, para representar lo irrepresentable no tratando de ser completamente representativa. A la vez, puede ayudar a ser partera de nuevas realidades: hay cosas que empezamos a ver pero no podemos articular, son demasiado nuevas y no tenemos las categorías para ordenarlas tanto cognitiva como socialmente. Desde un trabajo más poético como el de Andreas Weber en Enlivenment, se propone pasar de poner la razón en el centro a poner la poesía, la vida y el significado en el centro. En estos cambios civilizatorios a los que también apela Bruno Latour, la hiperstición también puede operar como una especie de lubricante para nuevas realidades. En este sentido, necesitamos nuevos mitos para ayudarnos a entender pero también para servir de revulsivos, para generar procesos de cambio.

>>Ya estoy a punto de terminar, pero quiero introducir también el concepto de la ventana de Overton, que viene de la ciencia política. Básicamente lo que dice es: hay cosas que se consideran radicales o irrealizables, como por ejemplo Trump hace 8 años, estaba en el ámbito de lo imposible. Pero ahora, la ventana de Overton ha virado hacia la derecha y cosas que nos parecían inconcebibles, para alguna gente es deseable y para mucha, posible -no sólo que haya sucedido sino que vuelva a suceder. Esto hace que se abra un marco de posibilidad para otros partidos como Cinque Stelle, Bolsonaro o Vox aquí. Al mismo tiempo que sucede todo esto en la extrema derecha, hay otros movimientos como los feminismos, que están tomando una fuerza más o menos inaudita desde los 70 y que están transformando el panorama político poniendo en el centro del debate político cosas que antes parecían imposibles. Se da una tensión en esta ventana de posibilidad. Lo que defiendo, y que también lo hace parte del CCRU (Cybernetic Culture Research Unit) como Nick Land, Mark Fisher, que son los que acuñaron el término de hiperstición -con casos como el efecto 2000 (ficción que se volvió real en la pasta que las empresas se gastaron en evitar esta especie de leyenda) o la superstición (formas de conocimiento pasadas que se actualizan en lo real)- es, en lugar de hablar de lo ficticio y lo real, es hablar de grados de realización.

>>Lo que habéis trabajado hasta ahora tiene una serie de potencias que quizás tienen un grado de realización de un 20%. Mi intención es ayudar, hacer de partera de esta potencia de realidad utilizando la ficción como un acelerador para que este objeto que está por nacer vaya un poco más hacia lo real. Esto está muy claro en los procesos de innovación corporativa, por ejemplo: prototipos que vemos constantemente en internet y te cuentan cómo será el futuro y sus interfaces. Alex Wilkie dice que estas ficciones hacen que una serie de actores movilicen recursos en el presente para terminar transformando la ficción, el objeto hipersticioso, en algo real. Para que los móviles se hicieran realidad ha habido que convencer a un montón de empresas para que construyeran las antenas, grupos de investigación para que desarrollaran los protocolos, el hardware, se han tenido que desarrollar líneas de distribución de piezas de hardware que quizás no existían… ha habido una especie de ensamblaje sociotécnico donde afectos, deseos, infraestructuras, materiales, grupos de investigación, etc, de alguna manera emergentes, se encajaron para hacer los móviles reales. La ficción es un objeto que opera como una especie de glutamato de la red sociotécnica y que termina actualizando los grados de realización de menor a mayor.

>>Os he dado esta turra para poneros en contexto de lo que vamos a hacer ahora. Hay dos ejes, pasado_futuro y emergencia_estabilidad, porque el futuro se construye en el hoy (sobretodo si tratas de ver las cosas como una red dinámica) y la ficción puede ayudar según cómo se utilice. Cuando el MIT hace vídeos ficticios sobre el futuro y aparecen en CNN, empiezan a actualizarse, a aparecer inversores y empiezan a acercarse al terreno de lo real. Entendamos lo real como lo que nos imparta en el día a día, de forma cotidiana -definir lo real es muy problemático y no quiero entrar. Entonces, se puede entender la ficción como un elemento infraestructural, como decía Barthes, como eso que pasa desapercibido pero a la vez articula la vida social y nuestros marcos epistémicos y cognitivos de lo real.

>>Nos hemos tomado el trabajo de hacer un vaciado de las 3 previas sesiones del Gabinete de las mentiras para disponerlo en estas 6 coordenadas. De momento hay un objetivo más o menos consensuado: mejorar las condiciones laborales en el ámbito de la producción artística. La idea es construir un dispositivo que nos sirva con diversas frecuencias de ficción para conseguir este objetivo. Es como un embudo que hace converger todas las conversaciones previas para terminar con una pequeña hoja de ruta, que puede ser más o menos ficticia, y un pequeño dispositivo conceptual, un prototipo, que sea más o menos ficticio, más o menos loco, más o menos monstruoso, más o menos espectral. Las coordenadas son:

  • Aceleradores: cosas que nos puedan ayudar a acelerar el cambio que queremos conseguir.
  • Estabilizadores: cosas que, mientras aceleramos, ayudan a consolidar el cambio.
  • Actores a considerar: a tener en cuenta para conseguir el objetivo
  • Frenos
  • Paraísos: cosas que nos gustarían un montón
  • Horrores: cosas que nos dan mucho miedo

Andreu reparte las tarjetas y se van colocando en torno a las coordenadas entre lxs presentes.

– Claro, hay que tomar decisiones, porque para mí los marcos jurídicos pueden ser un freno pero para otrx un acelerador.
– He olvidado decir que en este paso vamos a trabajar con un 20% de ficción.
– Jo, hay un montón de frenos.
– Y de aceleradores.

La distribución resultante se comenta y se añaden tarjetas escritas a mano para resumir las ideas recogidas en Paraísos y Horrores.

– Yo he puesto spam como acelerador porque cuando repites mucho un mensaje se convierte en realidad.
– Yo he puesto autoexplotación, aunque es mala, porque autoexplotarte te hace resistir y acelerar.
– Es curioso porque aquí hablas de autoexplotación… individual, pero también hay una cuestión de autoexplotación sectorial.

– Algunos pueden funcionar como aceleradores o frenos en función de la intensidad o la manera.
– Sí, pueden tener doble filo.
– A mí me gusta que encuentro un posicionamiento subversivo contra lo institucional, marcos jurídicos… Hay un paraíso de la contraproducción, el boicot y la alegalidad llevan a él desde las éticas de alianzas, desde hackear las burocracias y desde la autogestión. Me gusta que cuestionar la función del arte sea un actor importante… Podría haber salido algo muy diferente pero hemos puesto al manual de buenas prácticas como freno.
– Se puede reconfigurar, por ejemplo, si pensamos que el manual de buenas prácticas es más un estabilizador o un acelerador -si funciona.
– A mí lo que me pasa es que encuentro que los estabilizadores no cambian nada, se autorrepliegan, son instrumentos para ir safando o ir haciendo en función de lo que hay.
– Es polisémico. Cuando hablo de estabilizar pueden ser reproductores de lo que ya hay (un régimen de explotación, por ejemplo), pero también pueden ayudar a andamiar lo que está emergiendo, que es lo que estamos intentando hacer aquí. Me parece muy guapo poner co-dependencias como estabilizador, me recuerda a los edificios que están construidos mediante tensión y que esa tensión es la que hace que se mantengan. Todo lo humano, afectivo, está en lo estabilizador, y me parece curioso que no encontremos como estabilizador nada institucional. En general, la ley es la que marca el juego: regula.
– No hay mucha confianza en la ley.
– Lo legal aparece como freno.

– Me mola que a la frustración se le de entidad de actor, y me pregunto por qué la frustración sí y no la envidia.
– Para mí, porque la frustración es un aprendizaje (estableciendo unos límites).
– En realidad sí, todas las emociones podrían ser agentes a considerar porque pueden dar distintos tipos de agencia. Desde perspectivas constructivas o afirmativas se pueden convertir en aceleradores o estabilizadores también. Por ejemplo, pondría la ira. Aunque la ira es más fogosa, entonces la siento como acelerador, mientras que la frustración es una emoción que se da más a medio-largo plazo y se convierte en una presencia.

– ¿Y el dinero, dónde estaría?
– ¿Puede ser estabilizador?
– O un horror.
– Un poco en todos.
– Para mí es paraíso.
– El dinero es posibilidad.
– Tanto en frenos como en aceleradores.
– Si ganáramos bien…
– Claro, a qué nos referimos: ¿a tener mucho? Por que el dinero tal y como es ahora, en situado…
– Yo lo veo como me llega, la recompensa de un contrato.
– Pero si hablamos de riqueza o bienestar… El bienestar me parece un estabilizador, cuando la gente está bien en X situación, la asume, la normaliza…

– El horror tiene que ver con que el trabajo del artista sea un trabajo para el mercado.
– Es como una precariedad perpetua.
– Me sale una imagen de cubículos: estar en una cadena de montaje del arte, con tu correspondiente sala, sola, sin parar, sin tiempo para pensar, comiendo mientras trabajas, durmiendo poco, sin sentir ni padecer.
– Sí, casi sin interactuar con nadie. Como en una plataforma donde te envían tareas y te pagan una miseria.
– También echo en falta en el horror el sentimiento de rivalidad y elitismo que se genera en muchos casos. Está presente, me imagino un sistema de puntos en el que todo el rato estás a punto de llegar a las 5 estrellitas y cuando la vas a conseguir ponen 6 estrellitas de meta.
– Esto lo hablaba con Toni: los puntitos de prestigio en el arte, y que también están los puntitos de discriminación. Depende de qué contextos vengas, tienes unos puntos u otros. Según a qué lugares vayas, no tener puntitos de discriminación, también te resta.
– A grandes rasgos, según decís, el horror es como una cinta oscura, mohosa, con una zanahoria delante a la que nunca llegas por mucho que trabajes.
– Sin fin y sin conexión.
– Sí, que conecta la autocomplaciencia con la frustración continua.

– Va a sonar muy jipi, pero si pienso en paraíso pienso en un sistema de madrigueras interconectadas en las que no existen las obligaciones pero sí las responsabilidades, no hay dinero y el arte se produce como prácticas para acceder al conocimiento, para comprender maneras en las que relacionarse con la realidad… como una herramienta de emancipación y relación. No es la única actividad que sirve para estos fines pero esta ahí de esa manera.
– Yo creo que ordenamos muchas cosas, reconocemos la ira, pero no tenemos la capacidad de imaginar exactamente hacia dónde ir. Queremos romper muchas cosas que no nos gustan pero, ¿hacia dónde?
– Ahora vamos a eso.
– Yo creo que no hay por qué tener una alternativa definida para cambiar cosas.
– A mí el paraíso me recuerda al situacionismo, a arquitectura utópica de los 60. La contraproducción, la pérdida de tiempo, el espacio de juego…
– ¿El arte sería entonces un espacio de juego?
– Sí.
– Y conocimiento.
– Hay una parte del paraíso que no me acaba de cuadrar si nos quedamos en el buenismo, creo que acabaría siendo una cárcel.
– ¿Porque no es suficientemente diverso?
– Sí, y porque no veo responsabilidades. Me suena a ese jipismo que decíamos, que ni siquiera llegó a ser paraíso.
– Estaba entendiendo la idea de paraíso como una utopía, en contraposición al horror, y dejando lo que realmente encontramos probable y deseable en el medio.
– Una ficción más o menos radical o utópica no necesariamente tiene que ser simplista, puedes meter el conflicto en un contexto utópico y seguramente se enriquecerá.
– En ese sentido, entonces, lo que metería sería compromiso.

Andreu presenta la segunda dinámica:

– Ahora que hemos trabajado sobre todas estas ideas, vamos a intentar definir más concretamente lo que queremos conseguir en un futuro de 5-10 años. Trabajemos con un 75% ficción.

Cada unx se sienta a pensar durante unos minutos sus objetivos para 2025 y 2030.

– ¿Podemos definir más lo que hemos puesto?
– Para mí tiene que ver con situar y cuidar. Empezar a entender el lugar o función del arte y tratarnos mejor. No tendría necesariamente que pasar por una organización o plataforma, sino por estar en interlocución continua, conocernos, intentar entendernos.
– Yo aún no he salido de la universidad y por eso mi horizonte es este.

– Vale, vamos ahora a utilizar todo lo que hemos reunido para situarnos en 2030 y hacer una especie de viaje a el pasado, relatando todo lo que ha pasado para llegar hasta aquí.

Volvemos a colocar las tarjetas ordenándolas en un eje temporal que pasa por 2020, 2023, 2025, 2027 y 2030. En la parte inferior de la mesa creamos un flujo continuo con tarjetas que encontramos necesarias estar presentes de manera permanente.

– Ahora hemos trabajado con lo que encontramos posible, y todo es más institucional o parainstitucional a pesar de todas las críticas anteriores. Me parece necesario que para que esto ocurra se de otra línea subversiva, que rompa continuamente, que haga crítica de lo que ocurre arriba para que no se estanque en la complaciencia.
– También podemos entender las columnas de arriba como fases. Ejemplo: es necesario que la ira protagonice la escena para que en 2023 tengamos infraestructuras afectivas.
– Sí, ayuda a entender cómo sucede, cómo la estrategia se va actualizando.

Andreu propone un último paso:

– Vale, ¿creéis que ahora podemos describir un plano, una síntesis de lo que hemos estado construyendo? Un nombre, cómo funciona… Tenemos un plan de lo que podría llegar a suceder, ahora tenemos que pensar cómo haríamos que eso suceda.

Este último paso da lugar al relato:

“Resulta que alguna entidad poderosa empieza a distribuir un virus que hace que la gente sea incapaz de leer sus propias emociones. Alguna gente, accidentalmente, termina contándole a otra gente lo que le pasa, y se dan cuenta de que sólo compartiéndolo con otras personas son capaces de ser conscientes de sus propias emociones. Descubren de que hay una especie de problema generalizado.

>>Esta gente empieza a mutar células con ingenieros, artistas sonoros, etc, y consiguen diseñar un tipo de sonido que dispersa el virus (a través de sirenas de policía hackeadas) a quienes no lo tienen pero escuchan el sonido. La gente no infectada por el-virus-que-impide-escuchar-tus-propias-emociones, cuando escucha este sonido, siente la necesidad de hablar con la gente aunque puedan escuchar sus emociones. Cuando todo el mundo va teniendo esta necesidad, van conectando con otras sensibilidades y apareciendo otras complicidades. De repente, la gente se encuentra de manera más cercana y desaparecen fricciones y bloqueos que nos impiden ponernos de acuerdo para alcanzar un mejor contexto.

>>Esto desata un cambio cultural. Nos empezamos a tratar de manera distinta. La gestión común de los recursos se vuelve masiva y todo el mundo tiene unos recursos mínimos asegurados para vivir. Así, todas tenemos más tiempo y se disipa la confianza que a veces nos separa. No hay líderes ni portavoces sino una redistribución de roles.

>>Mientras tanto, en cuanto los poderes fácticos heteropatriarcales y liberales se dan cuenta, empieza una especie de guerra no bacteriológica a través de inculcar miedo, provocar desigualdad en derechos y culpando a las personas sometidas a la precariedad. Generan ámbitos de cuarentena donde se patologiza la precariedad en una especie de feedback loop que compite contra el virus mutado.

>> Finalmente el virus se va estabilizando y termina desactivando las enzimas no bactereológicas de los poderes fácticos. Al estabilizarse, se produce una mutación masiva en lo afectivo humano y no humano. Cuando miramos atrás nos damos cuenta de nuestros errores y el mundo es un lugar diferente.”

Andreu cierra el evento preguntando cómo se han sentido lxs participantes y se le da un feedback (bastante positivo). Se reflexiona sobre la utilidad del ejercicio propuesto, que se encuentra interesante por la mirada a futuro que facilita. Andreu agradece la predisposición y capacidad de añadir sin problematizar para construir de manera orgánica colaborativamente.