Encuentro #3 con Joan Morey

Relatoría por Belén Soto

17/10/2019
La escocesa
18:00 h

– Sales de la facultad y estás al pie de los caballos. No sabes cómo funciona nada y cómo hacer para que no te la cuelen.
– Como si con muchos años de experiencia no te pasara.

Patricio presenta la sesión y a Joan Morey.
Joan cuenta que ha preparado una sesión un poco gótica y lanza la pregunta: ¿somos los artistas profesionales? Presenta la sesión:

– Los artistas, cuando hablamos de buenas prácticas, entendemos que nos estamos profesionalizando. Sin embargo, para que te traten como profesional también tienes que comportarte como tal. Debemos no presentarnos a convocatorias, no aceptar encargos. Nos regimos por criterios individualistas en nuestro trabajo, pero los criterios que regulan la profesionalidad se regulan colectivamente (el Manual de buenas prácticas profesionales en las artes visuales lo editó la Unión de Asociaciones de Artistas Visuales en 2008).
En el contexto del arte hay mucho artista espectador, otros que hacen, otros que la lían, otros pocos que velan por cómo estamos. Es importante ligar el tejido desde una ética profesional. Tenemos que comprender qué son las buenas prácticas, a quién implican…
El contexto en el que nos movemos los artistas, básicamente, es la exposición. Este es un formato legitimador de la obra, de nuestro trabajo. Puede abarcar formatos más convencionales o también otros más experimentales, pero se trata de una exhibición. La exposición como un acto de dar a conocer cualquier tipo de obra, un acto de comunicación. Es importante entender qué lugar ocupamos como artistas dentro del engranaje de la exposición. También es importante conocer las competencias que la hacen posible.

Joan pone este vídeo como material interesante para hacer un repaso de todos los agentes que intervienen en posibilitar una exposición: agentes culturales (comisario, director de museo… los que median para que se ejecute la exposición), profesionales y empresas (montaje, transportistas…) y artistas.

Joan continúa:

– La faceta profesional empieza cuando has resuelto la idea de producir, conceptualizar, formalizar obra. Para entrar en un circuito museográfico, se entiende que debes desarrollar una obra que pueda exponerse sin la necesidad de tu presencia (a excepción de formatos que requieren la intervención del artista: una performance que interpreta, por ejemplo), hacerte responsable de dejar preparados todos los materiales necesarios parar que la obra pueda exponerse.
Es responsabilidad nuestra identificar a los diversos agentes culturales para saber a quién nos dirigimos. Por ejemplo, en el Macba tenemos a Ferran Barenblit (director), Tanya Barson (conservadora jefe), Pablo Martínez (jefe de programas) y Josep M. Carreté (gerente del museo). Los agentes culturales, con más o menos poder, ejercen un papel fundamental para el posicionamiento internacional de los museos, intervienen en las políticas culturales, deciden las estrategias. Tenemos que saber cómo relacionarnos con ellos, no puedes llegar en una inauguración y preguntar cómo hacer para que te expongan, tienes que esperar a que lo hagan ellos (a excepción de alguno que es muy cercano).
El agente cultural analiza e interpreta la realidad social del presente y da respuesta a sus necesidades a través de la organización de servicios, posibilita y canaliza la participación de los miembros de una comunidad, crean estados de opinión en relación a diversos temas que les afectan y canalizan demandas desde la sociedad civil hacia la administración.
Las profesionales y empresas son las que tienen que ver con fases de producción, postproducción y hacer posible el acto expositivo: transportistas, técnicos, especialistas en iluminación, técnicos de administración, personal de sala…
Los artistas son todas las personas físicas que con independencia de técnicas y procesos crea una obra […] Cada vez más tenemos que hablar de tecnologías, formatos intangibles, formatos del futuro. Debemos ser abiertos a cualquier soporte que defina la producción artística del futuro.
El artista profesional es quien tiene las competencias suficientes para producir sus obras o proyectos con medios para su ejecución y con capacidad para gestionar dichas producciones. Esto hace posible la relación con el resto de agentes involucrados en la exposición. Difícilmente se puede tratar como un profesional a un artista que no responde a esta definición.
¿Alguien duda si un artista es un profesional más en el contexto de una exposición?
Hay muchos conflictos en relación a esta pregunta. Lo más duro es que muchos artistas no nos consideremos profesionales, estaríamos entonces dinamitando los pilares.
¿Somos los artistas profesionales?
Si seguimos creyendo que el artista romántico tiene sentido, no tiene sentido continuar este discurso porque será marear la perdiz. Pero si queremos introducirmos en esta profesionalidad, debemos conocer las buenas prácticas.
Tenemos la tendencia a vincular una mejora profesional con una mejora económica, pero es un poco más complejo porque tiene también que ver con derechos, deberes, éticas…
Es muy habitual que se rechace pagar un fee a cambio de visibilidad, la palabra más repetida en el sector.
Las galerías son espacios de visibilidad. Cuando invierten en ti y se hacen cargo de representar tu trabajo, pueden exponer tu obra sin pagar por la exposición. Pero si no lo hace, si quieren programar y liberarse de la representación, sí deben hacerlo.
Trabajamos con derechos de autor, son la fuente de financiación de nuestra trayectoria artística. En algunos casos son violados por censura, mutilaciones sin consentimiento…
También hay artistas irresponsables que no entregan su obra bien o a tiempo, o la pasan de presupuesto, o se entrega en mal estado…
Promover las buenas prácticas es un gesto corporativista, y no promoverlas o no hacerlas es ponernos la zancadilla. Hay tantas buenas prácticas como malas y debemos ser capaces de identificarlas. La crisis fue la excusa perfecta para echar por tierra todo lo avanzado en buenas prácticas: se recortaron presupuestos, se destruyeron los procesos que estábamos intentando impulsar y otras plataformas de carácter muy neoliberal encontraron la oportunidad de crecer.
En 2007 se redactó el Manual de las buenas prácticas en las artes visuales como herramienta para regular las relaciones entre artistas y otros profesionales del sector. Con la crisis, la propia asociación que lo impulsa desactiva su uso. Esta publicación recoge una serie de documentos que promueve un marco de relaciones entre los actores implicados, con o sin ánimo de lucro. Va dirigida a artistas porque son los primeros que tienen que conocer los marcos reguladores, sobre todo cuando carecemos de estructuras jurídicas que regule estos temas. Este código no es discriminatorio sino inclusivo, te dice “si quieres ser profesional, este es el patrón que debes seguir”. También va dirigido a intermediarios, para que trabaje desde ambos lados de la relación.
El manual se resume en unas premisas muy básicas: la remuneración del artista por los servicios prestados y el respeto de sus derechos de autor. Es el trabajo de diálogo entre varios colectivos profesionales del arte contemporáneo: directores de museos, centros de arte, galerísticas, críticos y la Unión de Asociaciones de Artistas Visuales junto al Ministerio de Cultura en el marco del documento de buenas prácticas de museos y centros de arte en enero de 2007. Las principales propuestas de todos estos afectados formulaban que no había exigencias unilaterales sino un pacto sectorial.
Las personas que se agregan al sector, si no saben cómo funciona es como si yo abriera una tienda de muffins sin saber cómo funciona el sector de la restauración, abro la persiana y monto mis muffins. Entendemos que no lo podríamos hacer, ¿verdad? Sin tener un carnet de manipulación de alimentos, sin conocimiento de si estamos envenenando a la gente. En el mundo del arte sí que decidimos hacer algo y ya abrimos la persiana. Tenemos un manual, no será porque no es accesible.
El manual incluye:

Joan hace un repaso del manual y explica los 10 principios del decálogo:

Joan continúa:

– Cuando aceptas las malas prácticas no somos víctimas sino cómplices.
A veces nos acoplamos a modismos como los que plantea el libro Cultura en tensión, un conjunto de ensayos sobre lo cultural que plantean ciertas disyuntivas en las maneras de comportarnos como profesionales. Habla de cultura ecológica, de recuperar el punk, el DIY, de disolver el objeto, de la necesidad de un programa político para salvar la cultura libre, la cultura y la autogestión contra el neoliberalismo, la toxicidad de los medios… factores muy interesantes pero que hay que leer de manera profunda y en relación a todo lo que hemos repasado anteriormente. La cultura libre genial, pero que sepas que lo que estás haciendo surfeando desde ahí es desproteger a las personas que quieren mantener sus derechos de remuneración y explotación. Entonces, ojo con los modismos, que está muy bien, a nivel teoréticos son fabulosos, pero no os preocupéis, que las personas que escriben estos textos cobran de la editorial. Alientan el sector pero no hay que malinterpretarlos y hay que tener ética. Defender la ética en las prácticas artísticas puede parecer una excentricidad pero no lo es, es una reesponsabilidad.

Joan anima a los artistas de Cataluña a asociarse a la PAAC para unir voces y aprovechar su Observatorio de buenas prácticas. Para terminar, cuenta dos anécdotas:

– El otro día vi esto en Faceebook:
Me escribe la Galería Gaudí con esta fascinante oferta de pago para participar en no sé qué feria de Luxemburgo:
Opción A) Llevamos 5 obras de medidas máximas 120×120 de las cuáles se expondrán 4. Cuota de participación 1200€ (sin IVA)
Opción B) Llevamos 3 obras de medidas máximas 120×120 de las cuáles se expondrán 2. Cuota de participación 900€ (sin IVA)

Esto es denunciable, es una mala práctica. La sociedad neoliberal no se puede estar saltando las leyes de mercado por el forro. Se puede denunciar a través de plataformas sociales para visibilizar una mala praxis, pero la cosa sería enviarlo a la Asociación de Artistas Visuales de Madrid para que denunciara sus malas prácticas.
Si miráis la web de esta galería es impresionante, no sólo por sus estrategias cochambrosas sino por los artistas que aparecen. Ahí tu prestigio como artista tiene un sticker de mala praxis. Estas artistas que pagan desconocen cualquier punto del catálogo de buenas prácticas, la ley de propiedad intelectual, las leyes del mercado, lo que es un agente, una galería, lo que es una plataforma cultural…
También os quería contar la mala praxis que viví cuando estuve becado en la Academia de España en Roma, una experiencia delirio que recomiendo por las buenas condiciones de trabajo, pero donde se les fue la pinza al preparar la exposición de los resultados realizados por los becarios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Como los becarios son de disciplinas múltiples, empaquetaron el formato expositivo sin atender las buenas prácticas correspondientes para cada una: no había ningún tipo de relación contractual por el préstamo de obra, todo era “buen rollo”. No respetaban nuestros derechos a decidir cómo se expondría nuestra obra, pretendían hacerlo como a ellos les gustase. Tampoco se aseguraron las obras.
Intentamos hacer una piña, hacérselo entender entre todos los artistas. Lo que hicieron fue negociar individualmente con cada uno, de los cuales aceptaron todos menos Greta Alfaro (que ya le habían robado la obra en Roma y exigía un seguro para exponer) y yo.
Si no están todas las condiciones de buenas prácticas cumplidas, no expongo. Así hemos quedado. No fue negativo para mí: ahora soy el artista más respetado de toda esta generación. Posteriormente, fui a presentar mi trabajo en Roma y me ofrecieron todas las condiciones que había exigido antes, me hospedaron, me dieron dietas… Yo, muy contento, lo compartí con mis compañeros diciendo “qué bien, cómo ha cambiado la Academia, se han dado cuenta…” pero me contaron que ellos habían vuelto para lo mismo y a ellos no les habían ofrecido esas condiciones.
Mantenerme en mis trece han hecho que se cumplan conmigo las buenas prácticas profesionales pero no con quienes negociaron por lo bajini.
Después de esto, dos asociaciones (la de Valencia y la de Cataluña) hicieron un comunicado público donde explicaban las malas prácticas de AECID y Javier Duero (que fue quien comisarió esta exposición) comparándolas con el decálogo. Si no cumples las buenas prácticas no eres un profesional, eres un mandao.
Fue un año duro, porque no es lo mismo denunciar las malas prácticas de una galería mindundi que las del Ministerio de Cultura, Educación y Deporte. Pero a mí no se me ha acabado el trabajo, ni me han desterrado del país ni mucho menos. A veces, cerrarse a las cosas bien hechas no implica perder sino mejorar la condición laboral. Yo tengo esa fama: nadie me contrata para chorradas.

Como nos habíamos pasado de tiempo, no hubo tiempo para debate.